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carmen es ecuatoriana.
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Volver a soñar es casi como topar el último pronunciamiento quedado en la mirada lúdica.
Ese pedido impúdico de la insaciable inocencia.
Mandato de un sueño que no desespera a la imaginación. Una rebelión entre todo esto tiene que ver conmigo y a la vez contigo.
La imagen que me da el espejo es la misma que me da el sueño. Mi cuerpo es el semblante de esa unión que no es posible.
Mi yo: un espejismo del síntoma.
Respaldo mi deseo con habla revestida de ficción.
Rueda el semblante entre adivinanzas y dibujos mientras los pequeños tiran al estero restos a las garzas.
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